¿Merece la pena visitar el Puy du Fou?
Oyes el repiqueteo de los cascos antes de ver nada, y de repente se abre ante ti un estadio romano, un barco vikingo emerge del agua o cientos de pájaros surcan el cielo justo por encima de tu cabeza. El Puy du Fou no parece tanto un parque temático como entrar en unos platós de cine gigantes que, de repente, cobran vida a tu alrededor.
Se construyó para convertir la historia de Francia en un espectáculo en directo, empezando por el castillo en ruinas y el espectáculo nocturno original «Cinéscénie», creado por Philippe de Villiers en 1978. Esa ambición sigue marcando el parque: cada pueblo, cada recinto y cada banda sonora están pensados para transportarte a un siglo diferente.
Lo que te espera es una inmersión total, no adrenalina. Te vas con imágenes muy vívidas en la memoria —un halcón sobrevolando, un fuerte en llamas, una arena romana en pleno bullicio— y con la sensación de haber visto la historia representada a lo grande, como en una superproducción.
No lo veas si: ¿Te apetece montarte en las montañas rusas, dar una vuelta sin planear nada ni seguir ningún horario de espectáculos, o disfrutar de una tranquila excursión de medio día a la sombra?